En la Confusión de las Mentes · Página en construcción permanente · Al darle un día al interruptor, no hubo corriente eléctrica. Nueva época para viejas estrategias y olvidadas destrezas. Barro. Cobre. Palabra ecuánime. Hierro. Educación. Madera. Manos. Sentido común. Arrimar el hombro. Memoria de especie. Restos que evidencian un cierto viraje hacia la ética del comportamiento entre individuos. El ritual perdido. La liturgia de la dignidad. Los huesos.
Este enterramiento, atribuido Bartomileo Eup, lugarteniente de Cabané I, rey de Tivalnán, es el espacio cerrado (de la Cultura de la Confusión) más completo hallado hasta la fecha. Se trata de una nave excavada en la roca a modo de gran estancia arquitectónica; un paralelepípedo muy simple con vigas y paredes simuladas. Su estado de conservación era bastante bueno en el momento del hallazgo, pese a los indicios evidentes de haber sido violada. Los objetos encontrados, que ahora se muestran al público, se salvaron de los depredadores, debido a que la mayoría han permanecido ocultos en cavidades adyacentes, horadadas con este propósito, posteriormente tapiadas con gruesos muros. De Bartomileo no se ha encontrado el cuerpo, al que se le sigue la pista desde hace muchos años, pero sí una reproducción del pié derecho de Cabané I; coyuntura que ha contribuido a generar no poco desconcierto entre la comunidad investigadora.
Uno de los muros de la sala principal. en perfecto estado de conservación.
Ladera del monte Orbest, localización del enterramiento.
Pie de Cabané I
Se le ha dado este nombre, “Pié de Cabané I”, aunque la pieza se completa llegando casi a media pierna. Alrededor de la corona superior del corte, posee una serie de agujeros de los que penden diversos objetos atados con cuerdas y alambres. Podría tratarse de una figura simbólica, utilizada en un culto al carácter viajero del rey.
El pié de Cabané I
Corazón en reposo
Los únicos corazones descubiertos fuera de los límites de la Llanura de los Corazones. Seis piezas divididas en dos grupos. Por lado, la pieza estrella del yacimiento (y muy probablemente de toda la Cultura de la Confusión), el Corazón en reposo RQ_C·0036, compuesta por un cojín sobre el que descansa un corazón de gran tamaño. Tal es el interés que ha suscitado esta pieza, desde su descubrimiento, que se han tenido que fundir tres reproducciones en bronce, para sendos museos arqueológicos de distintas partes del mundo.
RQ_C 0036
Elementos litúrgicos y/o de ritual
Simulador de succiones CabI 0001
Red con piedras policromadas CabI 0002
Depurador colectivo CabI 0008
Si bien, lo más lógico es aceptar que estos objetos han sido en su momento elementos de ritual, también es cierto que no puede descartarse la posibilidad de adscribirlos a alguna corriente de creación artística bienintencionada, durante la época Post-Confusional; un cierto arte terapéutico y/o higiénico. Por otra parte, nos quedaría una tercera posibilidad, que las dos hipótesis fueran de la mano.
Como su propio nombre indica, el Simulador de Succiones, pudiera muy bien haber servido para escenificar el hecho de que la Humanidad tuvo que tragar durante la Época de la Confusión una cantidad ingente de consignas contradictorias. Hecho que la llevó social y físicamente al declive.
CabI 0001
La Red con piedras policromadas nos remite a un rito de justificación colectiva, en el que los participantes hubieran tenido que cargar a la espalda con el peso de sus propias culpas heredadas.
CabI 0002
De modo idéntico, el Depurador Colectivo, serviría, aunque de forma abstracta, para representar las espinas del pesar individual dentro de un argumento (objeto) colectivo.
CabI 0008
Díptico
Estos dos fragmentos de terracota, junto a la Cabeza de Unicornio (CabI 00014 ), son los únicos que se han encontrado removiendo el suelo de la sala principal, de ahí su estado de deterioro. Las hipótesis más ajustadas apuntan en la dirección de una cerámica ritual, aunque no se descartan otras, debido a las características de su morfología.
CabI 0003
Hipopótamo del Niger
Es el elemento más discordante dentro del conjunto arqueológico. Se trata de la representación artesanal de un hipopótamo, animal extinguido durante el período álgido de la Confusión. Por las referencias que se conocen hasta ahora, este tipo de figura era muy corriente en las culturas asentadas a lo largo del recorrido del río Níger. Esta circunstancia, unida a la referencia africana de las figuras cónicas rituales de este mismo yacimiento, los Derramadores CabI 0003 y CabI 0004, nos abren una nueva vía de investigación, al tiempo que aportan documentos evidentes sobre los –hasta ahora en entredicho- periplos de Cabané I. . .
CabI 0007
Pouring
Derramadores CabI 0003 y CabI 0004
La identidad de estas dos piezas muestra una similitud muy grande con ciertos ritos de fertilidad y sacrificio del África subsahariana ancestral, y muy concretamente con una serie de ritos Dogón, en los que se vertían líquidos y engrudos (hechos a base grano de mijo picado, pigmentos y agua) sobre figuras representando la maternidad. Sin embargo, estos Derramadores (de la Confusión) son una abstracción de aquellos ceremoniales. Conservan las formas, pero sus finalidades son muy otras. Los líquidos vertidos sobre esos capirotes de terracota no son sino diferentes sesiones de pintura formando una capa rugosa. Si bien no queda clara la intención de un ritual concreto, debido al amplio abanico de posibilidades que se abre, lo cierto es que se relaciona muy directamente estas dos formas cónicas con la Brocha ( CabI 00015 ) y el Depurador Colectivo ( CabI 0008 ), igualmente untado de sustancias pastosas.
CabI 0003 y CabI 0004
Cerámica / Ocultadores CabI 0005 y CabI 0006
d CabI 0005
CabI 0004
Depositarios CabI 0009, CabI 00010 y CabI 00011
Cabe señalar que es la primera vez que se encuentra cerámica utilitaria. Son tres elementos en forma de jarro, por un lado, y dos cúpulas por otro; cúpulas que, muy posiblemente, se utilizaron como sagrarios ambulantes en algún tipo de ceremonial más filosófico que religioso. Se sabe que esto fue así, porque las dos piedras ornamentadas se hallaron ocultas debajo de sendas cúpulas.
CabI 00010
CabI 00011
CabI 0009
Corazones en exposición
Los Corazones en exposición con toda seguridad quieren representar en reducido tamaño la Llanura de los Corazones, el yacimiento arqueológico de Tivalnán.
CabI 00012
Cabeza_Unicornio
Es la primera cabeza de la Confusión tallada en piedra que se conoce, las otras cabezas halladas hasta el momento son de terracota. Su característica principal, aparte de la concepción expresionista de la figura, es el cuerno incrustado en la parte superior del cráneo, de un material pétreo distinto, lo que le confiere la singularidad de unicornio humano. Al igual que el “díptico”, fue encontrada en la sala principal.
CabI 00014
Relación con el arte de la pintura. Brocha
Se trata de una brocha introducida en un fluido solidificado, no identificado, que a su vez hace las veces de recipiente. Podemos de alguna forma considerarla como una referencia objetual de simulación en torno al reposo de la pintura como fenómeno interior y no de representación social.
CabI 00015
Calavera ovina
Elemento zoomorfo, muy probablemente utilizado para justificar acciones de fervor y/o misticismo. Las cintas que penden de los huesos de sus mandíbulas en cierto sentido ayudan a corroborarlo. Como se ha explicado en la introducción a este apartado, la Calavera Ovina ha podido ser identificada en una imagen arcaica del Período Pre-Confusional.
CabI 00013
La importancia de este enclave resulta primordial, debido al sorprendente descubrimiento del único elemento electrónico de computación operativo, concretamente un Disco Duro, del que esta pudiéndose sacar información gracias a un sistema revolucionario de traducción de datos arcaicos. La labor de identificación de las referencias gráficas resulta muy lenta y laboriosa, aunque, de momento, segura y fructífera. Hasta la fecha, han podido computerizarse una serie de imágenes fotográficas representando muchos pasajes y características del Período Confusional. Una que hace referencia muy directa a este enclave es la Calavera Ovina, CabI 00013, que aparece representada en un contexto desértico ficticio, y a la que puede verse en un estado físico muy diferente al actual. Existen otras imágenes, auque debido al lento protocolo de identificación y traducción de secuencias, se encuentran todavía en estado procesual.
Señalética y costumbres
CabI 0016, CabI 0017 y CabI 0018
Se consideran tres piezas clave en el desarrollo de la Cultura de la Confusión. Elementos con un claro componente instructivo, utilizados a la hora de escenificar normas de comportamiento en actos sociales, ceremonias y ritos. Podría asegurarse que un conductor de asistentes, a las órdenes del director de la función, representaría mediante estos objetos toda una serie de posturas, en el sentido de conferirle al acto su propia identidad, dependiendo de las circunstancias por las que fue convocado. Del mismo modo que en la Calavera Ovina, en la imagen computerizada descubierta recientemente a partir de los datos del Disco Duro, se pueden apreciar parte de las imágenes que conforman el acabado de los discos señaléticos.
El hallazgo de las trescientas cuarenta y una tablillas de Rehmillans ha supuesto un cambio importante en la investigación de una fase oscura de la historia que, debido a la gran cantidad de condicionantes que concurren en una misma dirección, fue denominado en su día como Período de la Confusión de las Mentes (1980-2080 d.C.).
Con anterioridad al descubrimiento del Tesoro de Rehmillans, se habían obtenido innumerables evidencias de una época especialmente negativa y rigurosa. Los estudios científicos llevados a cabo sobre cuatro mil setecientos cincuenta y ocho objetos, hallados en excavación, parecían no dejar lugar a dudas en este sentido. Tendencia extremadamente lógica por otra parte, dado el cúmulo de conflictos, catástrofes y acontecimientos severos acaecidos sobre la faz de la Tierra a lo largo de la primera mitad del siglo XXI. Tanto el desarrollo económico desaforado como el desorden medioambiental derivado de él y la insatisfacción y el hartazgo generalizado de la población, después de siglo y medio de abusos contra natura, pusieron contra las cuerdas de modo implacable al conjunto de las estructuras mundiales.
Este conjunto arqueológico es único en el mundo en su género. Restos materiales de un pasado-futuro que ponen en evidencia ciertas prácticas sociales extraordinarias, exclusivamente localizadas en el Mediterráneo Occidental, y que establecen un punto de inflexión decisivo a la hora de abordar dicho período. La semilla de la conciencia humana en su estado más puro alberga en este conjunto objetual y en la fuerza de su mensaje esperanzador. De algún modo podrían ser consideradas como el rastro iniciático de un crepúsculo, al mismo tiempo que reliquia evidente de un despertar. Larva de la quincuagésima regeneración atávica.
De la información obtenida a partir de este conjunto, y de otros elementos hallados en torno a los templos depositarios, se desprende que, al margen de la religión, los integrantes de una o varias congregaciones o sociedades, presumiblemente clandestinas, se auto-impusieron en los albores de la Confusión el compromiso de perpetuar toda una serie de presupuestos y creencias inalienables. Las tablas de arcilla habrían actuado como unidades modulares de una serie de dogmas y/o auspicios particulares, con la mirada puesta siempre puesta en un fin social superior. Los observantes rehmillanenses acudirían a unos enclaves determinados (Cueva 1, Cueva 2 y Cueva 3), en los que, a la manera de escribas, expertos en la nueva liturgia virtuosa traducirían sobre el barro sensible y en un lenguaje simbólico muy rico, todo aquello de lo que quisieran dejar constancia los “feligreses”. Buenos augurios, deseos de prosperidad, promesas, anhelos, pruebas y expectativas de amor, voluntades, predicciones de salud, demandas de cambio a mejor, códigos de buen comportamiento... y tantos otros temas en esa línea positiva. Observando las normas de un procedimiento instituido, aún no descifrado en su totalidad, dichos maestros de las formas y los conceptos habrían sabido sintetizar a la perfección, en el lenguaje rehmillanense del bajorrelieve, una mezcla a partes iguales de invocaciones puramente personales, jaculatorias solemnes mancomunadas y perspectivas mixtas. De viva voz los parroquianos relataban sus expectativas, mientras que los escribas las iban modulando sobre la arcilla a medida que se iban aclarando los conceptos durante las sesiones.
Todavía es pronto para poder explicar con una precisión absoluta lo que quieren transmitirnos esas piezas. El lenguaje jeroglífico-gestual que contienen parece contradecirse en muchos casos, dando lugar a paradojas o bucles de información confusa, difícilmente asumibles por arqueólogos e historiadores. Aunque también es cierto que se han podido aislar un conjunto de axiomas y fundamentos concluyentes, a partir de los cuales se estructura una investigación ordenada y eficaz.
Por motivos de seguridad, no es posible desvelar todavía la situación geográfica exacta de los depósitos arqueológicos de Rehmillans, ya que la exploración prosigue con enormes expectativas, encontrándose desde sus comienzos bajo secreto gubernamental. Desclasificar toda o parte de la investigación daría lugar con toda probabilidad a un retroceso en las pesquisas, ya que, tanto los últimos hallazgos como los cruces de las informaciones obtenidas en estos cinco últimos años, implican líneas de intervención tan diversas como tangenciales que, de hacerse públicas hoy, podrían dar lugar a estados de desconcierto general no deseados. Se sabe no obstante que las excavaciones están localizadas en dos enclaves secretos de MayurQa y uno en la costa oeste de Cerdeña. Tres lugares de características muy similares: cueva de difícil detección en superficie, siempre profunda y con tendencia a la subterraneidad, con un amplio espacio de reunión a la entrada, múltiples nichos excavados en la roca para “recepcionar” las tablas, y dos cubículos con camastro de piedra, muy probablemente para posicionar a sendos centinelas. Son cavernas muy limpias, espacios respetados por el hombre, en los que no se han encontrado rastros de vandalismo, ni tan siquiera pinturas ni mensajes cincelados en sus paredes o techos. Preocupa sin embargo la ausencia de cientos de tablas, a tenor de los muchos nichos vacíos. Lo que da lugar a la especulación: no se sabe con certeza si esos nichos se tallaron y no se llenaron nunca o, por el contrario, las placas fueron robadas o incluso trasladadas por los propios “correligionarios” a otros posibles enclaves, todavía por descubrir. La dirección científica del proyecto se decanta por la tercera opción, la de la mudanza, ya que, de haber sido profanados los enterramientos, habrían sido detectados en las cuevas signos evidentes de trajín y/o violencia.
Hasta la fecha se han hallado tan solo seis “portadoras”. Se trata de piezas con unas características muy similares: todas ellas tienen asas, unas a modo de bandeja ( ¿ofrenda o paseo? ), otra a modo de maletín. Por otra parte, llevan grabados en bajorrelieve, modulaciones dactilares en unos casos, impresiones volumétricas de primitivos elementos de hardware en otros, como discos duros, placas motoras referenciales y conexiones internas. Las incógnitas que se plantean a partir de la aparición de las “portadoras” son inmensas. Todo hay que decirlo, son elementos de reciente descubrimiento, y no existen por el momento hipótesis ni teorías que puedan orientarnos más allá de las deducciones lógicas que se derivan de su observación aplicada. Podría deducirse, es cierto, que algunos individuos las hubieran confeccionado a modo particular para lucirlas en reuniones o citas comunitarias, queriendo expresar algún tipo de nostalgia de especie de tiempos pasados.
Las estrategias de rituales que pudieran derivarse de los objetos hallados no concuerdan con nada conocido hasta la fecha. Diferentes científicos de tendencias paralelas y también antagónicas coinciden en afirmar que se trataba de rituales pasivos, en los que los objetos aportados a ellos se utizaban muy posiblemente para identificar a los participantes, a modo de carnet de identidad objetual, y no como símbolos evidentes de intenciones, actitudes y/o divinidades. Lo que demuestra que dichos ritos debían de encontrarse en una fase muy primitiva, preliminar en el tiempo, muy próxima al establecimiento de bases y liturgias, aunque sin una finalidad muy clara, aparte de la pura necesidad de llevarlos a cabo.
Posible juego de aplicación de raciones de inteligencia suplementaria. Se utilizaría de forma rudimentaria aplicando el objeto de tres patas sobre la cabeza del necesitado. Yacimiento de Twalmón.
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Juego de los siete opúsculos ineludibles. Estrategias de libertad y esclavismo. Patrones ancestrales de comportamiento. Yacimiento de Gagondió.
Vivo o Muerto Yacimiento arqueológico de Twalmón (2008-2035 d.C.) y en menor cantidad en el yacimiento arqueológico de Tivalnán (2010-2050 d.C.)
Se tiene constancia de escasas piezas pertenecientes esta serie. El ritual de representar artesanalmente a hombres vivos y a hombres muertos, en comparación directa, se circunscribe a una región muy concreta en el norte de la isla de Mallorca (Twalmón), y fue llevado a acabo por integrantes de una sola tribu o agrupación étnica. Los restos encontrados en el yacimiento de Tivalnán fueron casi con toda seguridad llevados por pobladores de Twalmón en circunstancias que todavía se desconocen. Sabemos poco acerca de esta práctica vital reduccionista, puesto que tanto en los lugares de excavación, como en las propias piezas, no se han encontrado inscripciones aludiendo a ella. De todos modos, queda claro que, por su simplicidad filosófica, la forma de abordar el tema de la vida y la muerte tiene que ver con un período muy precario, de crisis existencial para el grupo étnico en cuestión.
Las réplicas de sarcófagos encontrados hasta la fecha se caracterizan por su ornamentación geométrica sencilla, de un gusto exquisito, en contraposición a otros elementos de la misma cultura, en su caso mucho más rústicos.
El Llano de los Corazones Yacimiento arqueológico de Tivalnán (2010-2050 d.C.)
Situado en un característico paisaje mediterráneo de monte bajo con predominio de garriga. A doce km. del que fuera en su día Aeropuerto Internacional de Sont Sant Joan (Palma de Mallorca), en dirección a las montañas,en el mismo lugar elegido tres milenios antes como yacimiento mineral por los cartagineses. Se le dio precisamente el nombre de Llano de los Corazones a este depósito arqueológico, debido a la gran cantidad de reproducciones de corazones manipulados, básicamente en terracota, encontradas en sus cuevas, en restos de sencillas arquitecturas rituales (altares) o al amparo de restos de paredes de piedra seca.
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Se han barajado varias teorías para intentar explicar la aparición de tal cantidad de vísceras petrificadas en un mismo enclave geográfico. Y la que ha ido tomando carta de entidad con el tiempo es aquella que habla de esta zona como enclave de peregrinación cultural y/o ritual. Como si en vísperas de unas fechas muy concretas, posiblemente al amparo de ciertas conjunciones astrales, se elaborasen estos corazones intentado plasmar la congoja particular en ellos, para luego llevarlas en procesión desde distintos lugares hasta Tivalnán y dejarlas depositadas allí, tras una serie de peticiones a las divinidades.